sábado, 30 de diciembre de 2017

PRESBÍTERO CONCILIAR: «NO CREO EN EL CREDO»

«No debería tolerarse curas o confesores que estén tildados de herejía; y a los convencidos en ella habríase de despojar en seguida de todas las rentas eclesiásticas; que MÁS VALE ESTAR LA GREY SIN PASTOR, QUE TENER POR PASTOR A UN LOBO». (San Ignacio de Loyola, Carta a San Pedro Canisio, 13 de Agosto de 1554)
  
Traducción de la noticia publicada por Andrea Zambrano para LA NUOVA BUSSOLA QUOTIDIANA.
  
Crónicas de la neoiglesia: «Yo en el Credo no creo». Los fieles de la iglesia de San Roque en Turín, congregados para la misa de medianoche dejaron fugar una risotada de complicidad. Y así el párroco, don Chiaffredo Olivero, ha anunciado en sustitución la canción Dolce sentire, que en resúmen es un canto inspirado en el Cántico de las creaturas como sustituto del Credo que representa el fundamento de la fe de todo bautizado. 
   
Chiaffredo Olivero,
 
Ahora, se podría también refutar diciendo: «Bueno, con estas premisas, él salió vencedor. Años y años de intentar camuflar artículos incómodos o partes de la misa demasiado complicadas, y luego llega él con la solución gordiana: ¿Por qué no suprimirlos del todo?». Chapeau! (Para quitarse el sombrero), efectivamente… La mala teología que se come la doctrina ha llegado a un punto alto la otra noche durante una misa que sería eufemístico definirla como show: liturgia eucarística modificada sobre la marcha, comunión distribuida solo por los ministros extraordinarios, que también fue tomada por las manos de los fieles que personalmente la han mojado en el cáliz, un Padre nuestro compartido con la canción españolizante más profana calcada de Sound of silence de Simon & Garfunkel. Liturgia años ’70 en estado puro, faltando solamente los animadores de canto con pantalones de campana.
  
En cambio es el año del Señor 2017 que nos muestra la última frontera de la misa bricolaje, presentada con el rostro fresco y tranquilo de un párroco con 50 años de misa a sus espaldas (fue ordenado el 25 de Junio de 1967) que se proclama muy activo en lo social y que en aquellas latitudes es llamado en terminología eclesialmente correcta “un cura de calle”, porque se encarga de los migrantes y porque también ha dicho recientemente que quiere modificar el concepto de transubstanciación.
  
Obviamente criticarlo no se puede, un poco porque no se puede criticar a los clérigos que se dedican a lo social, también si en el tratar las cosas divinas utilizan azadón y pala, y también porque hoy, en la neoiglesia, no se puede poner la mira a quienes atentan contra la doctrina. Si acaso, se necesita punir a quienes sumisamente hacen notar que algo no marcha bien, como lo testifican las providencias tomadas frente a don Alessandro Minutella; o frente a una verdad inmutable de Dios sobre el hombrque no cambia, como a don Massimiliano Pusceddu.
   
La sorpresa arriva al minuto 26:50, luego de una homilía apostando a invitar a los padres a transmitir la fe a los hijos, pero «evitando hablarles del Infierno, que no aprovecha a nadie y hace mal».
  
El animador anuncia el canto del Credo: «Dolce sentire, página 39». Don Fredo ataca primero: «¿Sabéis por qué no digo el Credo? Porque no lo creo». Risotadas de los fieles. Luego reprende: «Si alguno lo entiende…, pero despues de tantos años concluí que es algo que no entiendo y que no puedo aceptar. Cantemos alguna otra cosa que diga las cosas esenciales de la fe».
  
En Turín las cosas no andaban tan mal. En Génova, por ejemplo, otro cura de frontera, pero con rúbrica fija en La Repubblica, don Paolo Farinella, ha anunciado en su columna del diario que canceló por este año las celebraciones de la Navidad, del 1 de Enero [Santa María Madre de Dios -en el calendario montiniano-] y del 6 de Enero (la Epifanía). En la práctica, dijo NO a las fiestas de precepto. ¿Por qué? Porque -dixit- la Navidad se ha convertido en «una fábula de pesebres con canciones de cuna y zampoñas, exclusivo apoyo de una economía capitalista y consumista, transformando por entero al Cristianismo en “religión civil”».
  
Curioso. También hace diez años, un pasado no muy lejano, un presbítero que se negaba a afirmar las verdades principales de la Fe Católica, o que aboliera a su placer las fiestas de precepto habría sido suspendido a divínis. Hoy, en cambio, quieren hacerle monseñor. O muchas veces no le sucederá nada. Quizá su obispo levante los brazos y suspire: «Sí, lo conozco, le he reclamado veinte veces, pero él procede así. En el fondo él es también un hijo mío». Humanamente comprensible, pero ¿seguros que no lo es del otro? En cambio el problema es tremendamente serio y no sólo para este pobre clérigo que admitiendo no aceptar las verdades de la Fe Católica reconoce simplemente que no tiene fe.
  
Pero también para las ovejas que le son confiadas: ¿Qué enseñar a los niños de catecismo si él admite primero que no tiene esta fe? ¿Y cuál fe? ¿De qué estamos hablando? ¿De un sentimiento vago y melifluo en la enseñanza de que amemos el bien?
  
La cuestión del Credo a su vez está estrechamente ligada con la Fe. Y no es casual que la Iglesia Católica dedique la primera parte del Catecismo al Símbolo de la Fe. Porque el Credo es “la respuesta del hombre a Dios”. Una respuesta que es la fe con la cual el hombre se somete plenamente a Dios, y que el primer artículo del Credo exhorta a la obediencia de la fe al ejemplo de Abrahán y de María. Creer en un solo Dios, en Jesucristo Hijo de Dios, en el Espíritu Santo. Y luego creer en todas las otras verdades bajo la forma de profesión de fe, desde la Encarnación a la Resurrección hasta la Comunión de los Santos y la Vida eterna.
  
¿Don Fredo y don Farinella quieren renunciar a toda esta colección orgánica de verdades que están bajo el nombre de Símbolo? Que lo hagan, pero ¿por qué utilizar el papel de pastores de almas para esto? Una vez se dijo: “ciegos que guían a otros ciegos”. ¿Qué le queda a un sacerdote que públicamente desconoce todo esto? Queda probablemente sólo su narcisista voluntad de poder imponer una religión en forma ideológica, que sin embargo es tremendamente humana, pero con el candor y el pacífico vigor del buen párroco tan comprometido. Es de lobos de este tenor travestidos cual cándidos corderitos que el fiel debe evitar. Porque están lentamente cortando la rama en la cual está sentado con ellos.

BERGOGLIO: «¡DEJAD DE CORREGIRME!»

Traducción de la NOTA CÓMICA procedente de ECCLES IS SAVED.
  
«En estos días no puedo decir nada sin que algún tonto trate de corregirme», dijo Francisco Bergoglio en su discurso anual Odi et Omnes («Odio a todos») a los Católicos de todo el mundo. Una voz detrás suyo inmediatamente manifestó: «¡Sí, Vd. puede!».
  
«Santo Padre, debo recordarle que 2+2=5».
  
«Esto se está volviendo muy enervante. Cartas, llamadas telefónicas, e-mails, mensajes de texto, faxes, trinos, ladrillos que rompen la ventana con notas adheridas a ellos, tambores enviando “correcciones” en código Morse..., y todos con el mismo mensaje: que estoy haciendo algo mal. He recibido cinco grandes sacos de correspondencia esta mañana», continuó.
   
Un gangazo en las tiendas Gammarelli.
  
«Digo, esta mañana en el desayuno yo dije: “Se ve que lloverá luego”, y cinco minutos después, [Antonio] Spadaro se levantó...». «Diez minutos después», le acotaron. «Diez minutos después, con una corrección filial me dio el pronóstico del tiempo para Roma».
   
«Ahora no es el tiempo para la paz». Un cuervo y una gaviota se unen a atacar las palomas papales.
  
«Por supuesto que hace años estoy acostumbrado a recibir notas en tinta verde de personas como [Arturo] Sosa, [James] Martin, [Massimo] Faggioli, etc. Por ejemplo, dije algo en mi sermón sobre el rol de Jesús como el Mesías, y el P. James Martin me envió un mensaje de texto explicando que “Muchos estudiosos del Nuevo Testamento” creen ahora que Juan el Bautista era el Mesías. Pero estoy acostumbrado a eso».
   
En ese momento una flecha voló hacia el balcón del Vaticano y empaló el brazo del MC Guido Marini. Atada a la flecha estaba una nota: «No digas algo infaliblemente, tú estás obligado a hacerlo mal». Guido Marini, un hombre hecho a las crisis, calmadamente removió la flecha de su brazo y dijo: «Pienso que es para Vd., Santo Padre», antes de desplomarse al pavimento.
  
«Sólo es un rasguño, Santo Padre».
  
«Ha sido un año muy raro. Cardenales enviando Dúbia, afiches en los muros de Roma, correcciones filiales, ese libro The Dictator Pope, ...cualquiera pensaría que estaban tratando de decirme algo», concluyó.

jueves, 28 de diciembre de 2017

EL VALOR DE SAN ESTEBAN

«En estos tiempos de tanta flaqueza de energías, de tantos compromisos de consciencia, y de tantas consideraciones por motivos de conveniencia y de respeto humano, qué ejemplo de fortaleza cristiana nos ofrece el ejemplo de San Esteban, que de pie frente al sanedrín, sabe decir a los judíos las verdades más ardientes e, impertérrito prosigue hasta el fin una larga búsqueda, sellándola con su sangre». (Cardenal Alfredo Ildefonso Schuster OSB)

UN SERMÓN PROFÉTICO

El cardenal Clemente Augusto von Galen, opuesto a la política del régimen nazi y también a las exacciones de los Aliados sobre la Alemania vencida en la Segunda Guerra Mundial (lo que le valió el apodo de “León de Münster”), pronunció este sermón en la iglesia de San Lamberto en Münster el 3 de Agosto de 1941, denunciando la expropiación de bienes eclesiásticos, la política de eugenesia y el plan de eutanasia que fue impuesto por Adolfo Hitler para la mejora de la raza aria y la eliminación de la “vida indigna de la vida”. Un sermón que, más allá de su contexto histórico, es de contenido profético, ya que describe no sólo la creciente imposición del aborto, la eutanasia y la inmoralidad en nuestros países, sino también el ambiente de persecución a la Iglesia Católica por parte de una sociedad liberalizada y modernista que es acolitada por la pseudoiglesia vaticana.
 
SERMÓN DEL CARDENAL CLEMENTE AUGUSTO VON GALEN, PRONUNCIADO EL 3 DE AGOSTO DE 1941
 
Clemente Augusto von Galen, Arzobispo de Münster y Cardenal-presbítero de San Bernardo en las Termas
  
Lamentablemente debo comunicaros que también durante esta semana, la Gestapo ha continuado con su lucha por destruir la Iglesia Católica. El día miércoles 30 de julio, la Gestapo ha tomado posesión de la casa provincial de las Hermanas de Nuestra Señora en Mühlhausen, región de Kempen, que alguna vez perteneció a la diócesis de Münster. Las hermanas, muchas de las cuales provienen de nuestra diócesis de Münster, fueron desterradas en gran número y obligadas a abandonar su región el mismo día. Según noticias fidedignas, el día 31 de julio fue ocupado y desalojado también por la Gestapo el convento de los Misioneros de Hiltrup en Hamm. Los padres que lo habitaban fueron expulsados.
  
Ya el día 13 de julio, después de la expulsión de los Jesuitas y de las Misioneras Clarisas de Münster yo declaré públicamente aquí en la iglesia de San Lamberto que ninguno de los habitantes de estos conventos es culpable de alguna falta, o ha sido llevado a los tribunales, o acusado, o condenado.
  
Como he escuchado, se difunden actualmente rumores aquí en Münster asegurando que, especialmente los Jesuitas, se han hecho culpables por actuar contra la ley, incluso, que por haber traicionado a la patria han debido ser acusados y transportados a otro lugar. Declaro públicamente que eso es una calumnia infame de parte de otros conciudadanos en contra de nuestros hermanos y hermanas, que no podemos tolerar. Contra un muchacho que se atrevió a declarar estas cosas ante testigos he presentado una querella ante el magistrado. Quiero manifestar mi esperanza de que esta persona sea prontamente llamada a responder de sus actos y que nuestros tribunales tengan la valentía de hacer responsables y de castigar a quienes se atrevan a manchar la honra de ciudadanos inocentes, luego de haber padecido la expropiación de sus bienes. Animo a todos los que me escuchan, a todas las personas decentes a partir de hoy, a registrar inmediatamente el nombre y la dirección de los difamantes y de los testigos presentes cuando en su presencia se divulguen tales culpas en contra de los religiosos y religiosas expulsados. Espero que todavía haya aquí en Münster hombres que tengan el valor de colaborar para aclarar jurídicamente tales inculpaciones que envenenan a la comunidad, mediante la denuncia pública y personal, dando a conocer su nombre y, si es necesario haciendo la denuncia bajo juramento. A ellos les pido que si se llevan a cabo en su presencia tales inculpaciones contra nuestros religiosos, den aviso inmediato al párroco o al obispado, entregando una declaración escrita. Es algo que yo le debo a la honra de nuestros religiosos, de nuestra Iglesia católica, y también a la honra de nuestro pueblo alemán y de nuestra ciudad de Münster, preocuparme de hacer aclarar jurídicamente estos hechos y obtener el castigo de los calumniadores de nuestros religiosos.
  
[Seguía el Evangelio del 9º domingo post-Pentecostés, Lucas 19, 41–47: En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella y dijo: “Si tú hubieras reconocido en este día lo que te ayuda a vivir en paz! Pero ha permanecido oculto a tus ojos. Vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodeen con un muro, te encierren y te opriman por todos lados. Te derribarán junto a tus hijos y a tus muros y no quedará de ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de la gracia”. Entonces, entró en el Templo y expulsó a los ladrones y comerciantes diciendo: “Está escrito: Mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones”; y enseñaba diariamente en el Templo].
  
¡Mis amados hijos de la diócesis! Es un acontecimiento estremecedor el que anuncia hoy el Evangelio del domingo: ¡Jesús llora! ¡El Hijo de Dios llora! Quien llora, padece dolores, dolores en su cuerpo o en su corazón. Jesús no estaba padeciendo dolores en su cuerpo, y sin embargo lloraba. ¡Qué grande ha de haber sido el dolor del alma, el dolor del corazón, de éste el más valiente de los hombres para llegar a llorar! ¿Y por qué lloraba? Lloraba por Jerusalén, por la ciudad de Dios, santa y amada, la principal ciudad de su pueblo. Lloraba por sus habitantes, sus compatriotas, porque no querían reconocer lo que podía apartarlos del castigo determinado sólo por la sabiduría y la justicia divinas: “¡Si tú quisieras reconocer lo que te permite vivir en paz!”. ¿Y por qué no lo reconocen los habitantes de Jerusalén? Poco antes ya lo había dicho Jesús: “¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise reunir a tus hijos como una gallina cobija a sus polluelos. Pero tú no has querido!” (Lucas 13, 34).
  
Tú no has querido. Yo, tu rey, tu Dios, yo sí quería! Pero tú no has querido. Cuán cobijado, cuán protegido está el pollito bajo las alas de la gallina; ella lo abriga, lo alimenta, lo defiende. Así quería protegerte yo a ti, cuidarte, defenderte contra toda adversidad. ¡Yo quería! ¡Tú no lo has querido!
  
Por eso llora Jesús, por eso llora este hombre fuerte, por eso llora Dios. Por la necedad, por la injusticia, por el crimen de no querer. Y por todo el mal que surge de esto, todo el mal que su sabiduría infinita ve venir, que su justicia debe permitir, cuando el hombre contrapone a los mandamientos de Dios, a las advertencias de su conciencia, a todas las invitaciones de su divino amigo, del mejor de los padres, su no–querer: “¡Si tú hubieras conocido hoy, en este día, lo que te ayuda a vivir en paz! ¡Pero no lo has querido!”. ¡Es espantoso, es algo increíblemente injusto y dañino que el hombre ponga su voluntad en contra de la de Dios! ¡Yo quería! ¡Tú no has querido! Por eso llora Jesús a la vista de Jerusalén.
  
¡Atentos cristianos que me escucháis! En la carta pastoral del episcopado alemán del 26 de junio de 1941 que fue leída en todas las iglesias católicas de Alemania el día 6 de julio de este año, se dice entre otras cosas:
“Ciertamente hay en la doctrina moral católica mandamientos positivos que son prescindibles cuando su cumplimiento está condicionado por dificultades muy grandes. Pero también hay obligaciones de conciencia que son santas, de las cuales nadie puede liberarse y que todos debemos cumplir cueste lo que cueste, incluso la vida. No, por ningún motivo y en ninguna circunstancia puede el hombre que no se encuentra en la guerra obligado a defenderse, matar vidas inocentes”.
 
El mismo día 6 de julio tuve razones para ilustrar de la siguiente manera las palabras de esta carta episcopal:
“Desde hace algunas semanas escuchamos noticias de que por orden de Berlín los pacientes de las clínicas de enfermos mentales y otros hospicios que ya están hace mucho tiempo enfermos y son seguramente incurables, son arrestados arbitrariamente. Con regularidad reciben luego los parientes, después de poco tiempo, el aviso de que el enfermo ha fallecido, de que su cadáver ha sido cremado y de que es posible pasar a recoger las cenizas. Es una sospecha generalizada y casi segura que estas innumerables muertes inesperadas de enfermos mentales no ocurren espontáneamente, sino que son producidas intencionalmente siguiendo una enseñanza que asegura que está permitido eliminar vidas así llamadas inútiles, es decir, matar personas inocentes si se piensa que su vida no vale nada para el pueblo y el país. ¡Una enseñanza espantosa, que pretende justificar el crimen de inocentes, que permite libremente la matanza de inválidos incapaces de trabajar, de tullidos, de enfermos incurables, de ancianos!”.
  
He escuchado de fuentes fidedignas que ahora en todas las instituciones que albergan a estas personas en la provincia de Westfalia, hay que hacer listas de estos pacientes, los así llamados “compatriotas improductivos”, para que sean trasladados y eliminados a la brevedad posible. Esta misma semana ya salió el primer transporte de la institución Marienthal, ¡cerca de Münster!
 
¡Hombres y mujeres alemanes! Todavía tiene validez el párrafo 211 del código penal que determina: “Quien mata premeditadamente a una persona, si ha llevado a cabo el crimen concientemente, será castigado con la muerte por este crimen”. Entonces, para proteger frente a este terrible castigo a quienes matan premeditadamente a estas pobres personas, miembros de nuestras familias, se organizan los transportes de determinados enfermos que lejos de su hogar son asesinados en otras instituciones. Se da como causa de la muerte cualquier enfermedad. Y como el cadáver se incinera inmediatamente, los parientes no pueden pedirle a la policía de investigaciones que compruebe si realmente la muerte ha sido a causa de una enfermedad y que determine la verdadera causa de la muerte.
  
Me han asegurado que ni de parte del ministerio del Interior, ni del ministro de Salud se disimula el hecho de que un gran número de enfermos mentales en Alemania son premeditadamente asesinados y que esta práctica continuará en el futuro.
  
El código penal dice en el artículo 139: “Quien se entere de que se planea un crimen con conocimiento de causa y omite dar cuenta de esto a las autoridades y a los afectados, será castigado”. Cuando supe del propósito de transportar enfermos de la institución de Marienthal para matarlos, escribí una carta certificada el día 28 de julio a la Fiscalía del Tribunal de Münster y al presidente de la policía de Münster en los siguientes términos:
“He recibido información de que en el curso de esta semana (se habla del 31 de julio) un gran número de pacientes de Marienthal, cerca de Münster, considerados “compatriotas improductivos”, serán transportados al sanatorio de Eichberg y luego, como ya se sabe con seguridad que ha ocurrido con pacientes de otras instituciones, serán premeditadamente asesinados. Puesto que un procedimiento así no sólo viola la ley divina y la ley natural, sino también debe ser castigado como crimen con la pena de muerte según el párrafo 211 del código penal, doy cuenta, como es mi deber, de acuerdo al párrafo 139 del código penal y solicito que se proteja irrestrictamente a los compatriotas amenazados, con medidas que impidan el transporte y el asesinato y que posteriormente se me dé cuenta de las medidas tomadas”.
 
No he recibido ningún informe de parte de la Fiscalía, ni de la policía.
  
Ya el 26 de julio yo había presentado la más seria protesta por escrito ante la administración provincial de la provincia de Westfalia, a cargo de las instituciones de los sanatorios a los cuales les han sido confiados los enfermos. ¡Mi protesta no ha servido de nada! El primer transporte de los inocentes condenados a muerte ya ha tenido lugar en Marienthal. ¡Y del sanatorio de Warstein ya han sido evacuados, como me han dicho, 800 enfermos!
  
Por eso debemos contar con que estos pobres e indefensos enfermos sean eliminados en breve tiempo. ¿Por qué? No porque hayan cometido un delito que amerite su muerte, no porque hayan atacado a sus cuidadores y enfermeros, de manera tal que a éstos no les haya quedado otra solución que atacar violentamente en defensa propia. Esos son casos en los cuales junto con matar al enemigo armado de la patria, está permitido en una guerra justa aplicar la violencia incluso hasta matar.
  
No, no es por estas razones que estos desgraciados enfermos deben morir, sino porque según un determinado servicio público, con el beneplácito de una determinada comisión, se han transformado en seres con una vida “sin valor”, puesto que según ese beneplácito pertenecen a los compatriotas considerados “improductivos”. Se juzga que: no son capaces de producir bienes, son como una máquina vieja que ya no funciona, como un caballo viejo incurablemente paralítico, como una vaca que ya no da leche. ¿Qué se hace con una tal máquina obsoleta? Se la reduce a chatarra. ¿Qué se hace con un caballo paralítico, con una res que ya no produce? No, no quiero concluir esta comparación – ¡así de terrible será hacerlo y utilizar su evidencia!
  
¡Aquí no se trata de máquinas, no se trata de un caballo, o de una vaca, cuya única finalidad es servir a los hombres, producir bienes para los hombres! Ellos se pueden eliminar, se pueden reducir cuando ya no cumplan esta finalidad. No, aquí se trata de seres humanos, de nuestros prójimos, ¡nuestros hermanos y hermanas! Pobres personas, personas enfermas, sí, improductivas, si se quiere. ¿Pero han perdido por eso su derecho a la vida? ¿Tenemos tú y yo derecho a vivir sólo mientras seamos “productivos”, sólo mientras seamos considerados como tales?
  
Pobres de nosotros si se llega a aceptar como principio fundamental que está permitido matar a las personas “improductivas”; ¡pobres de nosotros, cuando seamos viejos y débiles! Si está permitido matar a las personas “improductivas”, entonces, ¡pobres de los inválidos, que habiendo entregado sus fuerzas, sus huesos sanos a los procesos de la producción, quedaron ahí mismo inválidos! Si se puede eliminar violentamente a nuestros prójimos improductivos, entonces, ¡pobres de nuestros valientes soldados que regresan del campo de batalla como inválidos, y gravemente heridos!
 
Cuando se comienza a aceptar que los hombres tienen derecho a matar vidas “improductivas” –y cuando esto sucede con pobres e indefensos enfermos mentales– entonces se despenaliza básicamente el crimen frente a todos los que puedan parecer improductivos, es decir, los enfermos incurables, los inválidos imposibilitados de trabajar, los inválidos a causa de las guerras o de accidentes laborales, y todos nosotros cuando seamos ancianos y débiles, y por lo mismo incapaces de producir. Entonces sólo se necesita una orden secreta diciendo que lo que se decide respecto de los enfermos mentales hay que extenderlo a todos los otros improductivos, ya sean ellos enfermos del pulmón incurables, ancianos débiles, inválidos por causas de su trabajo, soldados gravemente heridos en la guerra. Entonces ninguno de nosotros, nadie, puede estar seguro de poder seguir viviendo. Cualquier comisión está facultada para ponernos en la lista de los improductivos, juzgándonos indignos de vivir, porque nuestra vida ya no vale nada. ¡Y ninguna policía podrá protegernos, y ningún tribunal se encargará del crimen buscando y castigando a los asesinos!
  
Si es así, ¿quién puede seguir confiando en los médicos? Tal vez ellos declaran al enfermo como “improductivo” y reciben la orden de matarlo. No podemos imaginarnos en qué medida se corromperán las costumbres, en qué medida va a crecer la desconfianza entre las personas, incluso en las familias, si se tolera esta práctica espantosa, si se la acepta y se la lleva a cabo. ¡Ay de las personas, ay de nuestro pueblo alemán si se viola el santo mandamiento de Dios: ”No matarás”, proclamado por Él como nuestro Dios y Creador e inscrito en la conciencia de los hombres en la teofanía del Sinaí, y si esta violación se tolera y se practica impunemente!
  
Quiero daros un ejemplo de lo que ocurre actualmente. Había en Marienthal un hombre de unos 55 años, campesino de una aldea del territorio de Münster –podría nombrarlo–, quien desde hacía algunos años padecía trastornos mentales y que por esa razón había sido llevado por el servicio provincial de salud al sanatorio de Marienthal para que lo cuidaran. No era un enfermo mental, recibía visitas y siempre se alegraba cuando sus parientes iban a verlo. Hace recién 14 días recibió la visita de su señora y de uno de sus hijos, quien es soldado y estaba de vacaciones en su casa. Este hijo ama profundamente a su padre enfermo, por eso la despedida fue muy difícil. Quién sabe si el soldado volverá alguna vez y podrá volver a ver a su padre, porque es posible que, luchando por su pueblo, caiga en el campo de batalla. El hijo, el soldado no volverá a ver seguramente a su padre en esta tierra, puesto que éste se encuentra en la lista de los improductivos. A un pariente que quiso visitarlo esta semana en Marienthal, le fue negada la visita con el argumento de que por orden del ministerio el enfermo ha sido evacuado. A dónde, no es posible saberlo. Dentro de pocos días les llegará un aviso a sus parientes. ¿Y qué dirá este aviso? ¿Nuevamente, como en otros casos, que el hombre ha muerto, que su cadáver ha sido cremado, que se pueden rescatar sus cenizas pagando una fianza? Entonces el hijo soldado que lucha por el pueblo alemán arriesgando su propia vida, no volverá a ver a su padre en esta tierra, ¡porque sus propios compatriotas alemanes lo han asesinado en su propia tierra!
 
Los hechos de los cuales yo hablo son reales. Puedo citar el nombre del enfermo, el de su señora, el de su hijo soldado, y también el lugar donde viven.
 
“¡No matarás!”. Dios ha escrito este mandamiento en la conciencia de los hombres mucho antes de que un código penal amenazara el crimen con la pena máxima, mucho antes de que la fiscalía estatal y los tribunales investigaran y castigaran el crimen. Caín, quien mató a su hermano Abel, fue declarado criminal mucho antes de que existieran la institución del estado y de los tribunales. Y él, acosado por su propia conciencia, reconoció: “Mi falta es más grande que el perdón que yo pudiera obtener…todo el que me encuentre me matará por criminal” (Gen. 4, 13).
 
“¡No matarás!” Este mandamiento de Dios, el único Señor que posee el derecho de decidir acerca de la vida y de la muerte, ha sido inscrito en el corazón de los hombres desde el principio, muchísimo antes de que el mismo Dios les anunciara a los hijos de Israel en el Sinaí su código moral con esas breves sentencias lapidarias, grabadas en la piedra, que la Biblia ha conservado, que nosotros aprendimos en el catecismo siendo todavía niños.
 
“¡Yo soy el Señor, tu Dios!”. Así se introduce este mandamiento inamovible. “¡No tendrás otros dioses junto a mí!”. El Dios único, supramundano, todopoderoso, sapientísimo, infinitamente santo y justo es quien nos ha dado estos mandamientos, ¡nuestro Creador y único Juez! Por amor a nosotros ha inscrito Él estos mandamientos en nuestro corazón y nos los ha dado a conocer, porque ellos responden a la esencia de nuestra naturaleza creada por Él, son las normas indispensables para llevar una vida personal y comunitaria según la razón, agradable a los ojos de Dios, que procure la salud de todos y sea santa.
  
Dios nuestro Padre quiere reunirnos a nosotros, sus hijos, mediante estos mandamientos como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas. Y si nosotros los hombres seguimos estas órdenes, estas invitaciones, este llamado de Dios, entonces estamos protegidos, cuidados, defendidos del mal y de la perversidad amenazante, tal como los pollitos bajo las alas de la gallina.
  
“¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas. Pero tú no has querido!” ¿Acaso esto debe repetirse nuevamente en nuestra patria Alemania, en nuestro terruño de Westfalia, en nuestra ciudad de Münster? ¿Cómo es la situación en Alemania? ¿Cómo estamos nosotros comportándonos respecto de nuestra obediencia a los mandamientos divinos?
  • El octavo mandamiento: “¡No darás falso testimonio, ni mentirás!”. ¡Tan frecuentemente transgredido, con desvergüenza y públicamente!
  • El séptimo mandamiento: “¡No robarás!”. ¿Quién tiene la seguridad de poder conservar sus bienes, viendo cómo se expropia caprichosamente y sin consideración a nuestros hermanas y hermanos pertenecientes a Órdenes religiosas? ¿Qué propiedad está hoy protegida, si lo que se ha expropiado ilegalmente no se devuelve?
  • El sexto mandamiento: “No cometerás adulterio”. Pensad en las indicaciones y garantías de la tristemente célebre Carta abierta del hoy desaparecido Rudolf Heβ, publicada en todos los diarios, acerca de la libertad para las relaciones sexuales y la maternidad fuera del matrimonio. ¡Y qué más en cuanto a desvergüenza y perversidad se puede leer, observar y saber acerca de esto también en Münster! A cuánta desvergüenza en el vestir ha debido acostumbrarse la juventud. ¡Es la preparación para los posteriores adulterios! Porque se destruye el pudor, que es el muro protector de la pureza.
  • Y ahora se sepulta también el quinto mandamiento: “No matarás”, y se lo pasa a llevar ante los ojos de quienes deben preocuparse por la protección de la legalidad y de la vida, puesto que se toman atribuciones para matar prematuramente a gente inocente, enferma, sólo porque esas personas son improductivas, y no pueden contribuír en la producción de bienes.
  • ¿Y qué sucede con el cumplimiento del cuarto mandamiento, que exige respeto y obediencia a los padres y superiores? Ya se ha resquebrajado ampliamente y se sacude cada vez más la autoridad de los padres, mediante todas las exigencias que se imponen a la juventud en contra de la voluntad de los padres. ¿Creéis acaso que se va a mantener el respeto y la obediencia conciente ante la autoridad del Estado si se continúa violando los mandamientos de Dios, la autoridad suprema, si se continúa atacando y destruyendo la fe en el Dios único y soberano, Señor del cielo y de la tierra?
  • En Alemania y también aquí en Münster ya se ha suspendido ampliamente en la opinión pública el seguimiento de los tres primeros mandamientos. ¡Cuántos son los que desacralizan el domingo y los días de fiesta y reniegan del servicio a Dios! ¡Y de qué manera se burla, se abusa y se deshonra el Nombre de Dios!
  • Y el primer mandamiento: “¡No tendrás otros dioses fuera de mí!”. En lugar del Dios único, verdadero y eterno, se fabrican según su capricho ídolos propios, para adorarlos: ya sea la naturaleza, o el Estado, o el pueblo, o la raza. ¡Y cuántos hay cuyo dios es, según las palabras de San Pablo en Filipenses 3, 19 el propio bienestar, al cual sacrifican todo, incluso la honra y la conciencia, cuyo dios es la satisfacción de los placeres, la ambición del dinero, la ambición del poder! Entonces es cuando cada uno cree poder convertirse en señor y dueño de la vida y de la muerte de su prójimo.
  
Cuando Jesús llegó a Jerusalén y vio la ciudad, lloró sobre ella diciendo: “Si tú conocieras todavía hoy, en este día, lo que te sirve para vivir en paz. Pero está oculto a tus ojos. Mira, vendrán días sobre ti en que tus enemigos te pisotearán a ti y a tus hijos, en que nodejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has reconocido el día de tu visitación”.
  
Con sus ojos corporales Jesús vio entonces sólo los muros y las torres de la ciudad de Jerusalén, pero su divina sabiduría vio más allá, más profundamente y reconoció la verdadera situación de la ciudad y de sus habitantes: “¡Jerusalén, cuántas veces he querido recoger a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas, pero tú no has querido!”. Este es el gran dolor que oprime el corazón de Jesús, que arranca lágrimas a sus ojos. ¡Yo quería para ti lo mejor. Pero tú no quieres!
   
¡Jesús ve el pecado, el horror, la delincuencia, la maldición que esta negativa trae consigo! ¡El hombre pequeño, la creatura falible se opone con su voluntad de creatura a la voluntad de Dios! ¡Jerusalén y sus habitantes, que son su pueblo escogido y predilecto, oponen su voluntad contra la voluntad de Dios! ¡Se enfrentan necia y perversamente a la voluntad de Dios! Y por eso Jesús llora, llora por el abominable pecado y por el inevitable castigo. ¡Dios no permite que se burlen de Él!
  
¡Cristianos de Münster! En su eterna sabiduría, ¿vio en ese entonces el Hijo de Dios solamente a Jerusalén y sus habitantes? ¿Lloró sólo por Jerusalén? ¿Es el pueblo de Israel el único que recibe el amor paternal y maternal de Dios, el único al cual Dios protege y atrae hacia sí? ¿Es él el único pueblo que no ha querido? ¿Que ha rechazado la verdad de Dios, despreciando sus mandamientos y lanzándose así al abismo? ¿Acaso Jesús, Dios sapientísimo, no vio entonces también a nuestro pueblo alemán, nuestra tierra de Westfalia, nuestra región de Münster, la zona del bajo Rin? ¿Lloró acaso también por nosotros? ¿Por Münster? Desde hace más de mil años, Él ha enseñado a nuestros antepasados y a nosotros su verdad, nos ha guiado con su ley, nos ha alimentado con su gracia, nos ha cobijado como la gallina cobija a sus pollos bajo sus alas. Vio el omnisapiente Hijo de Dios en ese entonces que en nuestros tiempos también tendría que pronunciar sobre nosotros el juicio: “¡Tú no has querido! Mirad, ¿también los hogares vuestros serán aniquilados?”. ¡Qué terrible sería esto!
  
¡Amados cristianos! ¡Espero que todavía sea tiempo, pero es ya la última hora! Que reconozcamos, hoy, en este día, lo que nos sirve para vivir en paz, lo único que puede salvarnos y preservarnos del castigo divino: que sin dudas y sin excepciones aceptemos y confesemos mediante nuestra vida la verdad revelada por Dios. Que hagamos de los mandamientos divinos los hilos conductores de nuestra vida y que tomemos muy en serio las palabras: ¡antes morir que pecar! Que en la oración y en la penitencia sincera supliquemos el perdón y la misericordia de Dios para nosotros, nuestra ciudad, nuestra tierra, nuestro amado pueblo alemán. Pero quien quiera continuar desafiando al castigo divino, quien se burla de nuestra fe, quien desprecia los mandamientos de Dios, quien hace causa común con aquellos que apartan a nuestra juventud del cristianismo, que les roban a nuestros religiosos y los destierran, que entregan a la muerte a personas inocentes, nuestros hermanos y hermanas, con esa gente no queremos tener contacto, y queremos alejarnos nosotros y los nuestros de su influencia, a fin de que no nos contagiemos con su manera de pensar y de actuar adversa a Dios, para que no nos hagamos también culpables y dignos del castigo que el Dios justo debe impartir y va a impartir a todos los que igual como la desagradecida ciudad de Jerusalén no quieren lo que Dios quiere.
 
¡Oh Dios, permite que todos nosotros hoy mismo, antes de que sea demasiado tarde, reconozcamos lo que nos ayuda a vivir en paz! ¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, afligido hasta las lágrimas por la ceguera y los crímenes de los hombres, ayúdanos con tu gracia a aspirar siempre a lo que a Ti te agrada, a renunciar a lo que te desagrada, a fin de que podamos permanecer en tu amor y encontrar la paz para nuestras almas! Amén.
  
Fuente original: Diócesis de Münster. Traducción: Sor Úrsula Tapia Guerrero OSU, Santiago de Chile.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

EL TALMUD, LIBRO PERVERSO

Traducción del artículo publicado en italiano en EFFE DI EFFE.

Discusión talmúdica (J. Scheich, hacia 1900)
 
El Talmud, obra sagrada del judaísmo postbíblico [cuya lectura es posible gracias al comentario de Rashi -Shlomo ben Yitzak- (1040-1105) estudioso francés, se dice, de ascendencia davídica, que glosa completamente el texto], está dotado de autoridad superior incluso al Antiguo Testamento (ver Erubin 21b). Eso se funda sobre el golpe de Estato realizado por los escribas y fariseos, arbitrariamente proclamados –sobre los valores de una tradición oral y esotérica, remontada justamente a los 70 escribas– soberanos y auténticos intérpretes de la Torá. El dominio incontrastado del fariseísmo es casi universal en la actual religión judaica, excepción hecha del caraísmo, un grupo no muy numeroso de personas (cerca de 30 mil en el mundo), que siguen la interpretación literal del Antiguo Testamento y el consiguiente rechazo de toda implementación de una nueva tradición oral o escrita. Entre las dos versiones existentes del Talmud, escrito en parte en hebreo y en parte en arameo, encontramos el Talmud de Jerusalén y el Talmud de Babilonia; la segunda, más extensa, es considerada la más autorizada y prevalente.
   
En el Talmud, cada parágrafo de la Mishná (que constituye la codificación de la ley oral, esto es, de la tradición hebraica esotérica, remontada a Yehudá ha-Nasí al inizio del siglo III después de Cristo) es debatido por los rabinos. Las discusiones rabínicas  son llamadas guemará; ellas, junto a la primera, constituyen el Talmud. En tales discusiones, podemos encontrar: la halaká (camino que seguir), regla predispuesta de los rabinos; y la hagadá (narración), además de historias, leyendas, y hasta farsas. El texto consta de 18 tomos en la edición clásica; su conocimiento es condición esencial del rabinato.
    
A menudo se ignora cómo el judaísmo post-bíblico mantiene su estructura ontológica esencialmente deicida. No se está acusando deliberadamente a todo hebreo; hablamos académicamente de una corriente de pensamiento, de una ideología, cuya valoración prescinde de los juicios morales sobre Ticio, Cayo o Sempronio, sea judío o griego. A nosotros nos interesa individualizar la grieta filosófico-teológica, que demuestra claramente la exactitud de las afirmaciones de Cristo en el Evangelio y la peligrosidad de las aberraciones del pensamiento, cuando se alontana de la Verdad suprema.
   
El judaísmo está llamado desde siempre a vivir en plenitud su transformación definitiva y completa en Jesucristo y en la Iglesia; por esto, el rechazo a tan excelsa vocación comporta un castigo más grande, al punto de generar la peor de las cegueras.
   
El judaísmo actual está de hecho precipitado, conformemente al dicho corrúptio óptimi péssima, a las bajezas más oscuras del paganismo; de la religión escogida en la sinagoga de satanás.
   
En particular quiero enfatizar en algunos pasajes del Talmud, explícita y claramente perversos. Algunos destilan odio hacia Jesucristo (¡excusadme si reproduzco las siguientes blasfemias y obscenidades!):
  • Certificando el nacimiento ilícito y adúltero, con ofensas a María Santísima (Yebamoth 49b; Jewish Enciclopedia; Sanhedrin 106a,b);
  • Contaminando laboriosamente el mensaje: Jesús habría sido hechicero y apóstata (Sanhedrin 43a);
  • Ofendiendo la memoria y decretando la condena en el Infierno y en los excrementos (Gittin 56b,57a), suerte por demás, compartida, por los cristianos que los siguen y por los Textos sagrados del cristianismo (Rosh Hashanah 17, también Sanhedrin 90 y Shabbath 116a).
 
Otros versos confirman el origen humano y frágil de su composición, resultando ridículos en su contenido:
  • Las hienas se convierten en murciélagos luego de siete años, y luego a su vez, en espinas y demonios (Baba Kamma 16a).
  • Estar desnudo delante de una lámpara ocasiona epilepsia (Pesahim 112b).
  • La tierra a la sombra de una caballeriza tiene valor medicinal, como también los excrementos de un perro blanco (Gittin 69a,b).
Muchos otros, en cambio, son evidentemente fautores de odio contra el género humano (goyím, es decir, no judíos), cubriendo el homicidio; y están llenos de misoginia:
  • El nacimiento de una niña es un evento infeliz (Baba Bathra 16b).
  • Nunca es una cosa buena hablar demasiado con una mujer, incluso con la propia (Aboth 1.5).
  • Es justo divorciarse de la propia mujer si le daña la comida, o si se encuentra una mujer más hermosa (Gittin 91a).
  • Todos los Gentiles (es decir, los no hebreos) son solamente animales, por tanto todos sus niños son bastardos (Yebamoth 98a).
  • Cuando un no hebreo roba a un hebreo, debe restituirle todo, pero si sucede lo contrario, el hebreo no debe restituir nada. Además, si un no hebreo mata a un hebreo, debe ser muerto también él. mas no al contrario (Sanhedrin 57a).
  • Es lícito usar de los subterfugios ante un tribunal para engañar a un no hebreo (Baba Kamma 113a).
Otros versos justifican el adulterio e incluso la pedofilia:
  • Es justo para una niña de tres años tener relaciones sexuales (Abodah Zarah 37a; Kethuboth 11b, 39a; Sanhedrin 55b, 69a,b; Yebamoth 12a, 57b, 58a, 60b).
  • Cuando un hombre tiene relaciones homosexuales con un niño de menos de 9 años de edad, no es de condenar (Sanhedrin 54b, 55a).
  • Las relaciones sexuales con un niño menor de 8 años de edad son lícitas (Sanhedrin 69b).
Cuanto se ha informado fue escrito solamente a fin de conocer la verdad de la aberración talmúdica. El judaísmo, tal como es, es esencialmente anticristiano. Esto nos invita a orar por todos los judíos, que no queremos ni podemos juzgar por apariencias, ya que solo Dios puede escrutar sus corazones, a fin de que se conviertan a la Única Verdad, que sus padres rechazon hace 2000 y más años.
  
La fiesta de la santa Natividad sea la ocasión para encontrar el verdadero espíritu navideño (no los impostajes papanoelcentrista-pseudobuenista-pseudopacifistas), el de Cristo Jesús, que, derramado en nuestros corazones, nos regenera en la vida eterna, y por medio del cual podemos interceder por todos los hombres, también por nuestros enemigos, a fin que se conviertan sinceramente y vivan.
  
STEFANO MARIA CHIARI
25 de Diciembre de 2010

lunes, 25 de diciembre de 2017

“Lætabúndus exsúltet”, LA SECUENCIA QUE NUNCA DEBIÓ MORIR

  
Con la reforma del Rito Romano por San Pío V en 1570, muchas secuencias litúrgicas que se entonaban en varias diócesis de la Cristiandad occidental fueron obliteradas del Misal Romano, quedando solamente cuatro para uso general de todos los Ritos latinos:
  1. Víctimæ Pascháli Laudes, de la Misa de Pascua (aunque sin el verso «Credéndum est magis soli Maríæ veraci, Quam Judæórum turbæ falláci», no sabemos por qué).
  2. Dies Iræ, de los Fieles Difuntos y las Misas de Réquiem.
  3. Lauda Sion Salvatórem, de Corpus Christi.
  4. Veni Sancte Spíritus, de Pentecostés.
En 1727, el Papa Benedicto XIII restauró la prosa Stabat Mater Doloróssa de la fiesta de los Siete Dolores de Nuestra Señora. Sin embargo, hay secuencias que sobrevivieron hasta nuestros días: A modo de ejemplo, en el Rito Galicano encontramos Plange Sion, muta vocem (de la Misa de Desagravio al Santísimo Sacramento) e Índuant justítiam (de la Asunción). En el Misal Propio de la Diócesis de Barcelona y de la Orden Mercedaria está Pláudat agmen captivórum (de Nuestra Señora de la Merced), y en el Rito Dominico las prosas In cœlésti hierarchía (de Santo Domingo de Guzmán), Sanctitátis nova signa (de San Francisco de Asís), Virginális hórtuli (del Santísimo Rosario de Nuestra Señora) y Lætabúndus exsúltet, y Lætabúndus exsúltet, que es recitada en tres días:

  • Natividad del Señor (Misa del Día)
  • Epifanía.
  • Purificación de Nuestra Señora.
 
Esta última secuencia es una de las más antiguas todavía en uso (Dom Guéranger dice que data del año 1000), y tanto los dominicos como los carmelitas la recibieron del Misal de la Orden Premostratense, que para entonces tenía un siglo de fundada. Hoy, exultantes por un año más celebrando el Nacimiento de Nuestro Salvador, queremos traérosla en su original y nuestra traducción.
  
 
SECUENCIA “Lætabúndus exsúltet”
  
LATÍN
Lætabúndus
Exsúltet fidélis chorus.
Allelúja.
 
Regem regum
Intáctæ profúdit thorus:
Res miránda.
 
Ángelus consílii
Natus est de Vírgine:
Sol de stella.
  
Sol occásum nésciens,
Stella semper rútilans,
Semper clara.
 
Sicut sidus rádium,
Profert Virgo Fílium,
Pari forma.
 
Neque sidus rádio,
Neque Mater Fílio,
Fit corrúpta.
 
Cedrus alta Líbani
Conformátur hýssopo,
Valle nostra;
  
Verbum ens Altíssimi
Corporári passum est,
Carne sumpta.
  
Isaías cécinit,
Synagóga méminit,
Númquam tamen désinit
Esse cæca.
  
Si non suis Vátibus,
Credat vel gentílibus;
Sibyllínis vérsibus
Hæc prædícta.
  
Infélix, própera,
Crede vel vétera:
Cur damnáberis,
Gens mísera?
 
Quem docet líttera,
Natum consídera:
Ipsum génuit Puérpera.
Allelúja.
 
TRADUCCIÓN
Lleno de alegría
Exulte el coro de los fieles,
Aleluya.
 
El seno de la Virgen inigualable
Dio a luz al Rey de reyes.
¡Admirable misterio!
 
El Ángel del Buen Consejo
Ha nacido de la Virgen,
El Sol nació de la Estrella.
 
Sol que no conoce ocaso,
Estrella siempre rutilante,
Siempre clara.
 
Como la estrella produce al rayo,
La Virgen tuvo al Hijo
De la misma manera.
 
Ni la estrella por el rayo,
Ni la Madre al tener a su Hijo,
Padecen menoscabo alguno.
 
El gran cedro del Líbano
Toma la forma del bajo hisopo
En nuestro valle,
 
Y el Verbo del Altísimo
Se ha encerrado a sí mismo
Al asumir la carne.
 
Isaías lo profetizó
Y la Sinagoga lo sabía,
Mas nunca desistió ella
De su ceguera.
 
Si no a tus profetas,
Al menos a la gentilidad cree;
Pues los versos de la Sibila
Predijeron acerca de esto.
 
Infeliz, apréstate,
Créele a los antiguos.
¿Por qué perecer del todo,
Oh pueblo miserable?
 
Aquel que anunciaron las Escrituras
Ha nacido:
Es el Hijo de la Virgen-Madre.
Aleluya.

MENSAJE DE NAVIDAD

«Ecce vénio cito, et merces mea mecum est, reddére unicúique secúndum ópera sua» (Apocalipsis 22, 12)
  
Estamos otra vez celebrando el Nacimiento de nuestro Señor y Salvador. Y haciendo un balance de todo cuanto hemos propuesto para este año, que consagramos especialmente a la Santísima Virgen María en razón del 100º aniversario de las apariciones en Fátima (Portugal), vemos que hemos adelantado mucho en la Causa de la Verdad, a pesar de muchos ataques recibidos no tanto de fuera, sino de algunos falsos hermanos que ejercen un celo contrario a prudencia.
  
Reiteramos que, dado el carácter apocalíptico de la Navidad, no podemos bajar la guardia ni un instante. Muy al contrario, debemos perseverar en la Oración y en buenas obras, seguir combatiendo por la Iglesia de siempre, hoy en Remanente, para que el día en que Jesús retorne como el Rey invencible que es, podamos comparecer ante su presencia con firme esperanza y convicción, y ser admitidos en su Santa Morada.
  
Pidámosle a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Arca de Salvación, que nos siga fortaleciendo en la Fe para poder recibir el galardon inmarcesible de la Gloria Eterna, luego de haber luchado con denuedo en esta vida terrena.

¡SANTA NAVIDAD PARA TODOS NUESTROS LECTORES!
¡VEN, SEÑOR JESÚS!
  
Frater Jorge Rondón Santos.
25 de Diciembre de 2017 (Año Mariano)
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

domingo, 24 de diciembre de 2017

EL CRISTIANISMO Y EL SOL INVICTO, O UNA CONTESTACIÓN A LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA EN LO CONCERNIENTE A LA NAVIDAD

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
 
   
Si no fuese una construcción maliciosa y farsante que se hace pasar por la verdad más verdadera, la teoría según la cual la celebración de la Navidad el día 25 de diciembre no sería sino una sustitución cristiana de la fiesta pagana del Dies natális Solis Invícti sería también aceptable por parte de un católico. Sabemos ciertamente que la sabiduría y prudencia de la Santa Madre Iglesia muchas veces ha superpuesto las solemnidades del Señor, de la Virgen y de los Santos a fiestas paganas precedentes con el fin de exorcizar el poder de los demonios que a través de la idolatría tenían esclavizadas a tantas almas, y atraerlas así a Jesucristo.
 
El culto del Sol (o Sol Invicto), mezcolanza de varios cultos (desde el de Baal hasta el de Mitra), fue introducido en Roma en el año 220 por el emperador Heliogábalo (218-222), de la dinastía de los Severos, cuya madre, Julia Soemia, era precisamente hija del sumo sacerdote del dios solar El-Gabal, de Emesa (actual Homs) en Siria. Luego de la damnátio memóriæ de este joven príncipe por sus costumbres disolutas, el culto, caído en el olvido, fue reasumido e institucionalizado por el emperador Aureliano (270-275) entre el 272 y el 274, tras su victoria sobre la reina Zenobia de Palmira.
 
También es de señalar cómo la asociación Sol Invíctus-25 de diciembre sólo es testificada en el Cronógrafo del 354: los festejos en honor del sol fueron de hecho celebrados en distintas fechas que van desde mediados de octubre hasta el solsticio de inverno.
 
Por el contrario, la asociación de la fecha 25 de diciembre con el Nacimiento de Jesús (no con su celebración litúrgica) la encontramos registrada por primera vez en Hipólito Romano († 235):
«Sobre el primer Advenimiento en la carne del Salvador, nació en Belén, ocho días antes de las Calendas de Enero (25 de diciembre), el día cuarto de la semana (miércoles), cuando Augusto estaba en el cuadragésimo segundo año de su reinado»[1].
 
Hipólito escribió el pasaje arriba citado hacia el año 204, antes de la introducción del culto solar por Heliogábalo, y murió mucho antes del reinado de Aureliano. Pasaje que, junto a las investigaciones israelíes sobre el calendario del Templo jerosolimitano (difundidas en Italia por Vittorio Messori[2]) que demuestran cómo es efectivamente posible que Cristo naciera hacia el 25 de diciembre, abate las mentiras de baja calaña que profieren los enemigos de la Iglesia.
  
Al contrario, la divina Providencia, que procede de modo imperscrutable, estableció que la introducción y la propagación en Roma del culto idolátrico pero “monoteístico” del Sol Invíctus allanase el camino a la victoria de Cristo –llamado en las Escrituras “Sol justítiæ”[3] y “Óriens”[4] y asociado a la luz que rasgara las tinieblas del pecado[5]– sobre la idolatría romana y sobre todo el paganismo y sus vicios.
 
El sincretismo solar típico de la dinastía Severa de hecho hizo que si bien la Religión Cristiana era entonces illícita y el edicto de Galieno del año 260 no hubiese reconocido a la Iglesia como sociétas permitida por las leyes (aunque permaneciendo ilícita la relígio), la Iglesia Romana gozase de una benéfica tolerancia y protección, y de un notable prestigio: justamente un cristiano, en la persona de Sexto Julio Africano, fue encargado por Alejandro Severo (222-235) para la Biblioteca del Panteón. El mismo Alejandro Severo que adoraba a Cristo (junto a otros personajes) y cuya madre, Julia Mamea, se encontró con Orígenes en Antioquía en el 218[6].
   
Siempre en una óptica de sincretista tolerancia, Constancio Cloro (293-305, padre de Constantino Magno), que era adorador del Sol y cristianizante, cuando era César de Maximiano Augusto (286-305) no persiguió a las personas cristianas, si no que únicamente procedió a destruir las iglesias.
 
Podemos concluir, por tanto, que la Iglesia, siempre asistida por el Espíritu Santo, supo brillantemente explotar la propagación del culto pagano del Sol para difundir siempre más, protegida por una autoridad que hubiera querido asimilarla, el culto del único y verdadero Sol Invicto que es Nuestro Señor Jesucristo, “Luz verdadera que ilumina a todo hombre”[7] con los rayos de su Verdad y de su Amor. Después de todo, Dios, que tenía otros propósitos para Roma, supo traer el bien de la cristianización del Imperio a través del mal de la idolatría.
 
GIULIANO ZORODDU.
 
NOTAS
[1] Comentario sobre el Profeta Daniel, 4.23.3.
[2] http://www.vittoriomessori.it/blog/2014/04/21/accadde-davvero-un-25-dicembre/
[3] Malaquías IV, 2 (Vulgata de San Jerónimo).
[4] Lucas I, 78.
[5] Cfr. Isaías IX, 2. El tema de Cristo-Luz está presente en el Evangelio de San Juan al final de su prólogo. Muchos Santos Padres, como San Gregorio Niseno, San Ambrosio, San Agustín, hasta San Bernardo, explicaron bien el consejo de la Providencia en el predestinar el 25 de diciembre, día en que aumentan las horas de luz, como día conmemorativo del nacimiento según la carne del Señor, que disipa las nieblas de la humanidad que espera al Redentor.
[6] Cfr. M. Sordi, I cristiani e l’impero romano. Nuova edizione aggiornata e riveduta (Los cristianos y el imperio romano. Nueva edición actualizada y revisada). Milán, 2011, págs. 117-134.
[7] Juan I, 9.